El poeta sin nombre se acomodó en su trono violeta, escribió 10 párrafos azul marchito y salió en busca de su musa inspiradora, la mujer de sus sueños, el suspiro faltante, su media naranja y demases sinónimos que él no aprobaba pero existían en la literatura desde antaño. Cerró la puerta de su casa, sin llave, a sabiendas que volvería pronto. Regó sus bellas margaritas y equipado con dos poemas y una flor en su bolsillo, emprendió el viaje en su vespa azul. Aún no estaba del todo seguro acerca de cómo encontraría a su verdadero amor, sólo sabía que lo sabría llegado el momento y presentía que pronto llegaría. El viaje comenzó luego de que aquella tormenta pronosticada por los meteorólogos se hubiese desvanecido, sin embargo, el clima en cuestión había estado estable y hermoso durante toda la semana, y nada atentaría contra sus planes. En plena ruta, la lluvia se largó, el cielo se había puesto tan negro, que si su reloj con linterna violeta no le hubiera dicho la hora, muy bien hubiera pensado que ya era momento de dormir. Se encontraba a 300 kilómetros del pueblo más cercano, sin piloto ni paraguas, ni hermanito que lo salvara. Lo soportó, todo hombre que busca su destino se topa a menudo con dificultades que lo harían dudar, y, como sabrán, nuestro querido protagonista era alguien dispuesto a todo, y cumpliría su sueño pese a cualquier inconveniente. El anónimo había encontrado refugio de las enormes piedras transparentes que caían del cielo cabrío, en una pequeña cueva a unos 10 kilómetros de la ruta, caminando hacia el sudoeste. Era un lugar obscuro pero acogedor, pequeño pero suficiente. Y, tras esperar 3 días enmudecido, comenzó a dialogar. En un principio, le hablaba a la oscuridad; de pequeño había descubierto que la carencia de luz no era algo temeroso y ruin, sinó todo lo contrario, un gran escondite de los monstruos de su armario. Al cuarto día, algo comenzó a responder a sus imperiosos delirios verbales; en un principio, creyó que el hambre había trastornado su sentir, pero al cabo de unas 13 horas entendió que no se trataba más que de un vagabundo que habitaba allí desde hacía medio siglo, y que le suplicaba salir, que el temporal ya había pasado. Tras excusarse largamente, y cantar una bella canción de despedida, nuestro héroe prosiguió viaje. Siempre dispuesto y de buen talante, llegó al primer pueblo: Amada concepción del santo llorón. El poeta esgrimió una dulce sonrisa, tras leer aquel cartel chillón que anunciaba la bienvenida a todo forastero. Con gran apetito, perfiló al bar más cercano y tras almorzar como un necesitado creó una bella canción:
Ser como yo siento que sos, si tu sol amarillo de porción das todo lo que sos cenando aquel torrente de canción. Caminás sin sombrero ni bastón, y sabés que la vida es un salón, lleno de dulce alegría, alegría en tu corazón.*
*La adaptación al habla hispana ha sufrido un gran trastorno debido al poco talento del traductor en ritmos y poesías musicales.
*La adaptación al habla hispana ha sufrido un gran trastorno debido al poco talento del traductor en ritmos y poesías musicales.
Tras el abucheo general, se dispuso a marcharse, no sin antes despedirse amablemente de todos los caballeros presentes, y no presentes. Al salir del establecimiento, amarrar sus pertenencias y expresar para si mismo cuanto placer había sentido al probar tan deliciosa comida, la vió. Sentada, frágil, dulce, hermosa, bella, romántica, deliciosa, sencilla, inocente y desapercibida, a la vaca más curiosa con que se había topado jamás. El animalejo estaba atado junto a su vespa, tan azul como el mar, y al notarla, lo supo. La había encontrado. No necesitaba buscar más, ella estaba ahí, casi junto a él, mascando algún trozo de maíz regurgitado por alguno de sus 8 estómagos celestiales. Sus ojos comenzaron a lagrimear, no de desilusión inesperada, sinó de una gran felicidad que poco a poco invadía todos los recovecos de su cuerpo enmohecido. Su musa inspiradora, la mujer de sus sueños, el suspiro faltante, su media naranja y demases sinónimos que él no aprobaba pero existían en la literatura desde antaño, estaba frente a él, mirándolo con aquellos ojos de vaca muerta que harían perder el conocimiento a cuanto toro la viera. Cortó la soga y se marchó.
Cuéntase, que nuestro querido protagonista, más conocido como el loco que se enamoró de la vaca lechera del pueblo, fue senteciado y luego guillotinado por los pobladores de Amada concepción del santo llorón. Pero, déjenme emitir opinión, yo no creo en nada de ello; muchos intelectuales envidiosos catalogaron la noticia como aberrante, sin embargo, podía vérselos fornicar con cabras y ovejas cuando creían estar solos en el mundo. Cierto día, al encontrarme con el primo de un nieto amigo del tio de un vecino de nuestro amado héroe, me contó que Juan Ignacio de la Fuente se había casado (sin la aprobación del buen pastor, claro está) y escribió tales poesías, de tal gusto y tal talento, que al poco tiempo adquirió la fábrica de leche más importante del país, sólo con el dinero de sus ganancias como artista. Manuelita, la vaca falleció 20 años después de haberse casado, fruto de un cancer de mama fulminante.
Cuéntase, que nuestro querido protagonista, más conocido como el loco que se enamoró de la vaca lechera del pueblo, fue senteciado y luego guillotinado por los pobladores de Amada concepción del santo llorón. Pero, déjenme emitir opinión, yo no creo en nada de ello; muchos intelectuales envidiosos catalogaron la noticia como aberrante, sin embargo, podía vérselos fornicar con cabras y ovejas cuando creían estar solos en el mundo. Cierto día, al encontrarme con el primo de un nieto amigo del tio de un vecino de nuestro amado héroe, me contó que Juan Ignacio de la Fuente se había casado (sin la aprobación del buen pastor, claro está) y escribió tales poesías, de tal gusto y tal talento, que al poco tiempo adquirió la fábrica de leche más importante del país, sólo con el dinero de sus ganancias como artista. Manuelita, la vaca falleció 20 años después de haberse casado, fruto de un cancer de mama fulminante.
FIN
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