sábado, 17 de abril de 2010

MACME

- ¡Fuera! ¡fuera! ¡fuera capitalismo!

Habían estado gritando lo mismo toda la mañana, sin intervalos siquiera para meditar. ¡Malditos talibanes!, todo el tiempo la misma rima, inmutable; como la más de las palabras sacras.

María no pegó un ojo, ¡maldito ruido!

La bebé lloraba desde las 5:33 am., hace 6 horas de eso ya. Marta, mi mujer, había salido. No mencionó un porque, tampoco pregunté, consideré poco apropiado inmiscuirme en su privacidad. Antes de ayer peleamos hasta el hartasgo, luego me desperté y no estaba. Dejó una nota sobre la mesa, decía "Antes de que te des cuent". La frase terminaba abruptamente, apenas podía leerse una "a" en el final, pero su rastro era el de un fantasma.

Me dispuse a salir a pasear, estaba asqueado de todo y necesitaba pensar acerca de todo, y por qué había sucedido tan rápido, ¡y si que fue rápido!, tanto que apenas aun no puedo entenderlo.
Dejé precisas instrucciones a los sirvientes para que controlasen de todas las necesidades de María, y me transporté.

Charleana esperaba desnuda.
- Qué rápido te transportás.
- Estaba cansado de estar allí, con la bebé y esos malditos manifestantes...
- ¡Calla! ¡Sabes bien que apoyo al partido! No tenías por qué mencionarlo...
- Perdón... - y la miré con los más grandes y explosivos ojos de gato remilgón. Ella cedió.
- Y bien, ¿por qué me llamaste? ¿qué es eso tan importante que tenés para decirme?
- El ratón escapó - murmuré por lo bajo. En ese momento sentí que temblaba.
- ¿Por qué no lo atrapás?
- Creo que merece vivir...
- Ningún ratón merece vivir - me interrumpió. Escupía las palabras.
- Lo sé. Charleana sabrás que no sería tan estúpido para acudir a ti con palabras acerca de un simple ratón. Es sólo que... no puedo decirlo.
- Dilo.

Y el mundo se me vino abajo, no podía decirle que un ratón del experimento 443 había tirado abajo con cientos de miles y quizá millones de teorías humanas, porque ese ratón, ese pequeño y peludo animalito, había tenido una hija, mi hija.

No hay comentarios.: