Desde aquel día de la plaza, donde la vi sentada al sol junto a las hamacas, no me la pude quitar de la cabeza. Maldito de mi por no haberle dicho nada, al menos un 'qué lindas hamacas', o cualquier cosa, romper el hielo. Pero no, el muy de mi se quedó calladito e hizo como si nada.
Gritando por dentro: SOS UN PELOTUDO, me fui a dormir.
Pasaron varios días, pero no muchos. Más de 3 y menos de 6. En ese entonces estaba yo en una gran convensión artística; de esas que no se ven todos los días, pero de las que se frecuentan al tan-tan. Al principio todo era risas y emoción, canción tras canción, oración sin eroción; hasta que de pronto y muy de repente, ¡ahí estaba! ¡oh! mis plegarias habían sido oidas, ¡Dios existe y creo en Alá!
Sin embargo, no podía acercame, oh, en lo absoluto. Mi humor era de perro mojado, y mi risa parecía la de un payaso que perdió sus zapatos. ¿Podría acaso acercame y hecharlo todo a perder por la carencia deslumbrante de mi yo atrapante? ¡Oh, el gran dilema! Y meditación tras meditación, ya estaba yo otra vez en mi rincón, sólo y sin mi canción.
Ay ay
Pero esto no podia terminar asi. El destino es caprichoso, y a veces te agarra con sus garras de oso, pero a veces...
Hola - ¡Siiiiiiiiiiii! - pensé por dentro, - ¡conozco esa vos! Era la de mi imaginación.
Y mientras meditaba acerca de mis pensamientos inconvexos, ahí estaba, Ella en su camión.
Mi humor estaba, mi pelo... parecía estar ahí, y pese a que no me había lavado los dientes en los últimos tres días y mis uñas estaban más negras que estas las letras, me le avalancé:
- A vos te buscaba - le mencioné, del modo más sensual que me salió.
- ¿A mi? - me observó perspicaz.
- A ti. - repliqué sin más.
- ¿Y por qué así? - preguntó sin ton ni son.
- Porque si que si de si. - le dije sin pensar.
- ¡Ah! - respondió, y su cara fria se tornó.
- Oh - tantee
- Pero...
- Si, ya sé.
- ¿qué? - me preguntó.
- Oh, nada. ¿Vamos a tomar algo? - le sonreí
- Dale.
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