jueves, 29 de julio de 2010

Óxido de amor

Todo comenzó el día que conocí a Maiai, una anciana decrépita que lo único que me dijo fue:

- Tengo amor óxido, 300 yen, ¿querés?

También conocida como la droga del mal de amores, era la sustancia legal-ilegal que hacía furor entre los ancianos. Yo teníá 63 años y aún me consideraba jovial.

Frasco en mano escapé corriendo.

Cuando llegué a mi lugar, un gran descampado con olor a aserrín y meo de gatos, me entregué al asunto de lleno. Preparé la mezcla en un sintetizador amórfico y englutí el contenido sin meditarlo.

Cientos de millones de pececitos comenzaron a agitarse dentro mio, era como si todas las celulas de mi cuerpo vibraran, bailaran y saltaran del modo más increible. Mis suspiros olían a cientos de enamorados, abstenes, inmersos. Todo era color de rosas, el mundo era maravilloso, hermoso, me amaba y amaba.

Pero el efecto no duró mucho, cuando el sol bajó ya era yo ese vagabundo decrépito y asqueroso, que odiaba a la vida y al mundo entero.

Llegó la noche, y con ella los recuerdos; recordé cada momento de mi experiencia, añoré volver a sentirla, me sentí mal por sentirme como me sentía, quería otra probadita, un poquito más. No pude dormir, cuando amaneció, salí a buscarla, desaforadamente, estaba desesperado, no la encontré.

Pasé cinco días sin dormir, en su busqueda, y por ningún lado aparecía. Se escondía de mi, el destino la alejaba a cada paso.

Impotente, deshauciado, frágil y atontado, me la encontré. Pero esta vez, no me le acerqué.

lunes, 19 de julio de 2010

Corta que te corta

Tomé un cuchillo y me le avalancé, la sostuve bien firme, ella estaba helada, paralizada y muy flácida. Yo comencé: zgrzgrzgrzgrzgr, sonaba el cerruchar.

Agarré un poco de Nesquik, y lo mantuve cerca. Luego busqué un vaso y una cuchara. Sujeté el sachet y me serví.

viernes, 16 de julio de 2010

Sin sol

"Hace 70 días que no veo el sol", me dijo Martín. Inmediatamente le pregunté qué le había pasado y por qué había dejado de verlo. Su respuesta fue contundente: "Me engañó".

Juan Martín Delgado era un observador del sol.

Los autótrofos son personas que no necesitan ingerir alimentos, ni beber agua, se autosatisfacen mediante otras fuentes de alimentación, como la meditación lunar, el Sharisnak, o simplemente miran al sol. Los primeros grupos aparecieron cerca del 2000, quinientos años más tarde millones de personas vivían de la nada.
Juanma era uno de ellos, jamás había probado bocado alguno.

"Morirás", le dije. No estaba seguro de mis palabras, pero lo veía pálido, amarillo, enfermo y olía mal. Él lo sabía y sabía que yo lo sabia, no me respondió. Le pregunté por qué se sintió engañado por el sol, y me dijo:

"No lo necesito, hace 70 días que no lo miro y aún estoy vivo. No he tomado agua, ni he probado bocado alguno jamás en mi vida y no tengo hambre. Creo que es todo una farsa, realmente no existimos."

jueves, 15 de julio de 2010

El pato, el gato y los zapatos

El pato tenía un trato con aquel gato que pasaba a todo rato.

Iba y venía el desdichado, y el muy pato siempre recordando "Ya es tiempo que cumplas con tu trato, mi querido gato".

Michi-Miau astuto más que peludo, sabía lo que se le venía y le cantaba una canción, hasta que el pato muy confiansudo se olvidaba de la situación.

- Miau-miau - le gritó el ave.
- Mi querido pato - respondió el felino.
- He estado pensando en nuestro trato - comenzó el pato - tengo 9 hijos, y tienen frio y necesitamos los zapatos.

Don gato calló, meditó, y resopló:

- Mi queridisimo, te pagaré. Pero antes de hacerlo, necesito un poco de ayuda. Por favor, mañana por la mañana, enviame a tres de tus hijos.
- Está bien.

Pasaron dos días, y los patitos no regresaban. Al tercero, don gato apareció.

- ¿Dónde están mis hijos? ¿Por qué no han vuelto contigo?
- Oh, ellos están muy a gusto, en los zapatos. Eran tan pesados, y tan acojedores, que decidieron quedarse. Pero todos gritan y gritan, extrañan a sus hermanitos. Mañana por la mañana, enviame al resto de tus hijos, y entre todos intentaremos mudarnos hacía aquí. ¿Por qué no sales del agua, y nos acompañas?
- No puedo Sr. gato, mi señora me necesita, pronto dará más crías, pero enviaré a sus hermanitos.
- ¿Mañana por la mañana?
- Puntual.

Cuando los rayos más finos del sol tocaron el gran lago, 6 patitos corrieron cantando una canción.

El espejo de Camilo

El espejo de Camilo tenía frío y poco abrigo; estaba mal iluminado, y todos le ponían cara de desagrado. Ayy pobrecito, tan aburrido y solito.

Algunos le hacían muecas, otros reían, y otros le escapaban: ni una miradita le dejaban, al pobre del espejito, que tenía Don Camilo.

Al otro día apareció Mariana, con ojos de enamorada, que se convirtieron en miedo, y terminaron en lágrimas. El espejo se empañó, y el muy atrevido algo le escribió:

"Cambiame los foquitos, por favor"