El pato tenía un trato con aquel gato que pasaba a todo rato.
Iba y venía el desdichado, y el muy pato siempre recordando "Ya es tiempo que cumplas con tu trato, mi querido gato".
Michi-Miau astuto más que peludo, sabía lo que se le venía y le cantaba una canción, hasta que el pato muy confiansudo se olvidaba de la situación.
- Miau-miau - le gritó el ave.
- Mi querido pato - respondió el felino.
- He estado pensando en nuestro trato - comenzó el pato - tengo 9 hijos, y tienen frio y necesitamos los zapatos.
Don gato calló, meditó, y resopló:
- Mi queridisimo, te pagaré. Pero antes de hacerlo, necesito un poco de ayuda. Por favor, mañana por la mañana, enviame a tres de tus hijos.
- Está bien.
Pasaron dos días, y los patitos no regresaban. Al tercero, don gato apareció.
- ¿Dónde están mis hijos? ¿Por qué no han vuelto contigo?
- Oh, ellos están muy a gusto, en los zapatos. Eran tan pesados, y tan acojedores, que decidieron quedarse. Pero todos gritan y gritan, extrañan a sus hermanitos. Mañana por la mañana, enviame al resto de tus hijos, y entre todos intentaremos mudarnos hacía aquí. ¿Por qué no sales del agua, y nos acompañas?
- No puedo Sr. gato, mi señora me necesita, pronto dará más crías, pero enviaré a sus hermanitos.
- ¿Mañana por la mañana?
- Puntual.
Cuando los rayos más finos del sol tocaron el gran lago, 6 patitos corrieron cantando una canción.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario