Con devoción y paciencia me había instruido acerca de que hacer ante tal menester catastrófico, sus palabras parecían sencillas; pero, ante cada punto, lo detenía exclamando que nada era tan simple. Él se limitaba a sonreír amablemente, observandome con aquella mirada reservada para casos excepcionales.Tenía un mapa y tenía un plan, y también tenía un maldito papel con instrucciones, sólo me faltaba autoestima:
"Mi muy querido, ¿para qué necesitas eso? El autoestima no es más que un juego mental. Es muy simple, cree y concientizate que sos la persona más bella del mundo, que a todos les interesa tus palabras y todas esas cosas... y voilá, tu autoestima será tan grande como el tumor cerebral de aquella rata de laboratorio." exclamó, mientras señalaba con su dedo indice a un mamífero muy grande que corría hacia las alcantarillas del laboratorio Roche.
Era demasiado cierto, esa era la clave, pero ¿cómo transformar mi propio ser? ¿valía la pena intentar cambiar por alguien a quien nunca había visto reír?
"Nadie vale la pena, hasta que vale la pena; pero entonces, ya es demasiado tarde", sus palabras aturdían mi conciencia, algo agitada y confundida. Me acurruqué en mi sillón, y observando la luna llena, me dormí.
El día pactado había llegado, era el momento de la acción. Sabía dónde estaría ella, él me lo había dicho, sabía a que hora llegaría y qué haría. "Todo ha de resultar como una película", Marco había insistido una y otra vez en ese punto, en el que apoyaba todo su plan, tan meticulosamente elaborado y meditado. Yo tenía fé en él, nunca me había descepcionado.
Ella salió del cine de la mano de un muchacho algo apuesto. Ambos estaban serios. Yo esperaba sentado, en el suelo, junto a una pared, escondido y esperando mi momento para entrar en acción. Las instrucciones decían: "Esperar en la pared, sentado, y acercarse cuando ella comience a llorar".
El tiempo se sucedía, personaje extraño y muchacha amada se encontraban sentados en una mesa, frente a las salas de cine, charlando muy a gusto.
Suena un celular, el chico extraño atiende, corta, le dice algo a ella y sale corriendo de la escena. Ella comienza a llorar. Me acerco, colorado y pálido a la vez, cualquiera podría asegurar que mantenía mi color natural. Susurro las palabras previstas en su oído, tan bello y tibio; ella ríe y me observa. Se enjuaga las lágrimas y se cierra el telón.
"Mi muy querido, ¿para qué necesitas eso? El autoestima no es más que un juego mental. Es muy simple, cree y concientizate que sos la persona más bella del mundo, que a todos les interesa tus palabras y todas esas cosas... y voilá, tu autoestima será tan grande como el tumor cerebral de aquella rata de laboratorio." exclamó, mientras señalaba con su dedo indice a un mamífero muy grande que corría hacia las alcantarillas del laboratorio Roche.
Era demasiado cierto, esa era la clave, pero ¿cómo transformar mi propio ser? ¿valía la pena intentar cambiar por alguien a quien nunca había visto reír?
"Nadie vale la pena, hasta que vale la pena; pero entonces, ya es demasiado tarde", sus palabras aturdían mi conciencia, algo agitada y confundida. Me acurruqué en mi sillón, y observando la luna llena, me dormí.
El día pactado había llegado, era el momento de la acción. Sabía dónde estaría ella, él me lo había dicho, sabía a que hora llegaría y qué haría. "Todo ha de resultar como una película", Marco había insistido una y otra vez en ese punto, en el que apoyaba todo su plan, tan meticulosamente elaborado y meditado. Yo tenía fé en él, nunca me había descepcionado.
Ella salió del cine de la mano de un muchacho algo apuesto. Ambos estaban serios. Yo esperaba sentado, en el suelo, junto a una pared, escondido y esperando mi momento para entrar en acción. Las instrucciones decían: "Esperar en la pared, sentado, y acercarse cuando ella comience a llorar".
El tiempo se sucedía, personaje extraño y muchacha amada se encontraban sentados en una mesa, frente a las salas de cine, charlando muy a gusto.
Suena un celular, el chico extraño atiende, corta, le dice algo a ella y sale corriendo de la escena. Ella comienza a llorar. Me acerco, colorado y pálido a la vez, cualquiera podría asegurar que mantenía mi color natural. Susurro las palabras previstas en su oído, tan bello y tibio; ella ríe y me observa. Se enjuaga las lágrimas y se cierra el telón.
Sentirse olvidado por el mundo es trágico, pero más trágico aún es olvidar la sensación que trae el mundo. Así me sentía yo, como quién cree entender todo, y a su vez nada.
Tras intentar entender por qué lo había hecho, me dijo:
"
"
Nadie sabía acerca de la existencia del extraño personaje que había aparecido en mi vida durante aquel cumpleaño de abril, y era mejor así, no todos podrían entenderlo. Con el pasar del tiempo había meditado mucho acerca de él, y con poco éxito intenté buscarlo.
No todos los días uno cumple catorce años, y no todos los cumpleaños se termina perdido en un shopping; así fue cómo me lo encontré por segunda vez:
Poco importa cómo me llame, poco importa cuánto pese o mida, cuánto camine o cuánta agua tome por día; lo que realmente importa, es que no se cómo jodidamente comenzar esto, así que será algo así: