lunes, 13 de diciembre de 2010

Love and the bridge

- Why did you that? - she asked.
- Maybe i love the problems. - he replied.
- So it was a problem according to you.
- No - and he said it with a sweet smile.
- You are cute.
- You too, and more...
- Oh, i love you.
- Oh, i love you more.
- Oh fucker, my love is soooooooooooooo bigger than yours.
- I don’t think so. My love is soooooooooooooo big. Only comparable with the universe size.
- Oh, but my love is infinite. Very infinite.
- I would fly only with my love energy because you. - he said. They were in a very beauty bridge, embraced and watching the stars.
- I don’t believe you.
- What?
- That you can fly.
- Let see. - and it was the last word that he said before he jumps.



I'm learning english, so maybe you'll find some errors. Please, correct me : D

domingo, 12 de diciembre de 2010

Just another lucky story, or not?

The first time when i saw that he found a cell phone, i thought "oh men, you're in a fucking lucky day". Coincidence? We'll see.

The second time, he looked very sad, because he spent all his money at the dentist. That night, at a very big party, really drunk, i lost my favorite scarf. That sucks... but let's get back to the story; after a time, he appeared with a bizarre smile. "I've found $300 on the floor", he said.

And then, the never ending story. He found the perfect bike in the street, drugs, more money, a lot of cigarettes, and who knows what else.

- You have a gift, dude - I told him.
- I don't think so - He replied.
- How do you do?
- I look around.

lunes, 18 de octubre de 2010

Manual para encontrar objetos perdidos

Encontrar objetos perdidos:

Diariamente nos cruzamos ante centenares de objetos que han sido olvidados por alguien. Ya sea en la calle, en un café, o en una fiesta, la gente pierde objetos constantemente en el ajetreo de la vida diaria.

Estos son los conceptos básicos para adentrarse al mundo de encontrar objetos perdidos. Ante todo, estos son los pasos básicos necesarios para comenzar:

  1. Querer encontrarlo. Deseá con todas tus fuerzas encontrarlo, desde el corazón, realmente ¡quiero encontrarlo!.
  2. . Sentir que ya lo has encontrado, creer fielmente en que algo te encontrarás.
  3. Perspicacia. Mantente alerta, ten tus ojos bien abiertos y husmea con la mirada en cada pequeño rincón. No dejes pasar algo por alto.
Una vez que tenemos esto en mente, se deberán realizar una serie de ejercicios que nos ayudarán a encontrar objetos.
  • Observa el piso. Observá el piso constantemente, presta atención a los hojas, ramas, latas de basura, desechos, observalo todo, identifica cada objeto, piensa en su nombre mientras los ves.
  • La basura no muerde. Nunca dejes pasar por alto algún basurero. Si te encuentras con un tacho de basura al que no has mirado, retrocede y observa que había. Pero recuerda: ten cuidado de las ratas.

Ya estás listo para comenzar tus andanzas en el increible mundo de encontrar objetos.

¿Qué te encontraste hoy? : )

martes, 5 de octubre de 2010

miércoles, 8 de septiembre de 2010

INTERGALACTICO

- Dra. Jones, presentarse en Información. Dra. Jones... - la señorita de informes estaba histerica, su voz sacaba chispas y daba miedo.

Jones Romina Marchelli vestía de un coqueto uniforme, más largo de lo usual, escotado sin mostrar, sutil sin aparentar. Emanaba pureza, ya sea por su blanco inmáculado, o por su cara angelical, pero las chispas que brotaban de sus ojos en ese momento recordaban al mismisimo Diablo.

- ¿A QUÉ VIENE TANTO BARULLO? - gritó con furia, sin pestañear, cara a cara con la recepcionista. Esta ni se inmutó.
- Ella desea hablar con usted - murmuró señalando a una pequeña jovencita sentada en un banco color crema.

La Dra. giró en redondo y se le avalanzó, con una sonrisa de oreja a oreja le preguntó:
- ¿Qué es lo que deseas chiquita? - preguntó ofreciendole un caramelo.
- Gracias, pero no se me permite ingerir alimentos. - respondió la niña.
- ¿Dónde están tus padres?
- Ellos no viven acá.
- Contame, ¿qué te trae a mi? - giró su cabeza, observó a la recepcionista, la cual levantó sus hombros en gesto de incertidumbre.

La niña, la cual ni se había movido de su asiento, extendió su mano y tocó el delantal de la Dra., esta tembló, tomó del brazo a la niña y la llevó a una oficina adyacente, pequeña y sin ventanas, el ventilador giraba en silencio.

- ¿Cómo me encontraron?
- Jiiiiiiiix puede encontrar a cualquiera, bien lo sabés.
- ¡Si! pero ¿por qué a mi?
- Te necesitamos.
- ¿Por qué? - Jones palideció.
- Alguien tiene que reparar el asunto de los Machilotocos que aparecieron en la estación Chupalitos. Hace 6 días 500 intergalacticos colectivos han desaparecido.
- ¿¡QUÉ!? - gritó.
- Tiene que ser ahora, debemos marcharnos.
- Tengo responsabilidades acá, no puedo marcharme así sin más... - jones no terminó de hablar, y ya se encontraban ambas en la Estación.

La Dra. no dejaba de temblar, el Chupalitos era la estación más habitada de todo el sistema Asolar, y sin embargo era el lugar más frio que Jones haya pisado jamás.

- Necesito saber exactamente qué es lo que sucede y qué rol juego en todo esto. - suplicó la Dra.
- No te diré nada nuevo, pero un poco de historia nunca está de más. Bien recordarás cuando aquellos 4 millones de terricolas aparecieron en la estación Alelé.
- La vieja historia de Colón. La recuerdo muy bien, tengo un doctorado en el asunto. Cuando los Españoles invadieron sus tierras, descubrieron que allí abundaba un mineral de lo más valioso, el Oro. Masacraron a miles, los usurparon y maltrataron. En su desesperación, los indígenas descubrieron un método por el cuál salían despedidos del espectro. Si mal no recuerdo, el primero fue Guauugua, quien divulgó la técnica entre su pueblo. Pero algo salió mal, y el paraiso del cual Guauugua profetizaba no era más que la vieja estación Alelé, en la que vivían cientos de Jarones.
- No, no eran Jarones, eran Haaaarabones. - La Dra. Jones asintió, complacida. - Y no se gustaron, quizá por la aparienciade los Haaaarabones, bien sabés lo desagradable que pueden parecer a seres desacostumbrados. El resto es historia, los terricolas masacraron a toda la estación, y vivieron por los siglos de los siglos en paz. Nosotros no intervenimos, los educamos y enseñamos, y resultaron ser muy comprensivos. Años lloraron la desgracia con los Haaaarabones, ellos no querían...
- Pero lo hicieron.
- Si, pero eran ignorantes.
- Lo sé.
- Y luego apareció Xao.
- El malo.
- Claro.
- Y tuvo muchos adeptos.
- Tantisimos.
- Y colonizaron otra estación.
- La Vujia.
- Si.
- Masacraron a todo ser viviente, y nosotros los dejamos, no intervenimos.
- Porque sabemos que pueden cambiar.
- Cambiarán.
- ¿Pero?
- Hace 6 días ingresaron a la Estación Chupalitos. Y como bien sabés, nadie debe acercarse a Chupalitos, es el albergue transicional más grande jamás creado y se expande día a dia. Cuatro mil billones de seres lo habitan, ciento cincuenta mil millones usan la estación a diario para retornar a sus hogares.
- Y los terricolas atacaron.
- Si.
- ¿No pudieron detenerlos? - preguntó la Dra., no sin dejar de mirar alrededor, quizá en busca de algún furioso terricola invasor.
- No podemos detenerlos.

martes, 7 de septiembre de 2010

El que busca

Desde aquel día de la plaza, donde la vi sentada al sol junto a las hamacas, no me la pude quitar de la cabeza. Maldito de mi por no haberle dicho nada, al menos un 'qué lindas hamacas', o cualquier cosa, romper el hielo. Pero no, el muy de mi se quedó calladito e hizo como si nada.

Gritando por dentro: SOS UN PELOTUDO, me fui a dormir.

Pasaron varios días, pero no muchos. Más de 3 y menos de 6. En ese entonces estaba yo en una gran convensión artística; de esas que no se ven todos los días, pero de las que se frecuentan al tan-tan. Al principio todo era risas y emoción, canción tras canción, oración sin eroción; hasta que de pronto y muy de repente, ¡ahí estaba! ¡oh! mis plegarias habían sido oidas, ¡Dios existe y creo en Alá!

Sin embargo, no podía acercame, oh, en lo absoluto. Mi humor era de perro mojado, y mi risa parecía la de un payaso que perdió sus zapatos. ¿Podría acaso acercame y hecharlo todo a perder por la carencia deslumbrante de mi yo atrapante? ¡Oh, el gran dilema! Y meditación tras meditación, ya estaba yo otra vez en mi rincón, sólo y sin mi canción.

Ay ay

Pero esto no podia terminar asi. El destino es caprichoso, y a veces te agarra con sus garras de oso, pero a veces...

Hola - ¡Siiiiiiiiiiii! - pensé por dentro, - ¡conozco esa vos! Era la de mi imaginación.
Y mientras meditaba acerca de mis pensamientos inconvexos, ahí estaba, Ella en su camión.

Mi humor estaba, mi pelo... parecía estar ahí, y pese a que no me había lavado los dientes en los últimos tres días y mis uñas estaban más negras que estas las letras, me le avalancé:

- A vos te buscaba - le mencioné, del modo más sensual que me salió.
- ¿A mi? - me observó perspicaz.
- A ti. - repliqué sin más.
- ¿Y por qué así? - preguntó sin ton ni son.
- Porque si que si de si. - le dije sin pensar.
- ¡Ah! - respondió, y su cara fria se tornó.
- Oh - tantee
- Pero...
- Si, ya sé.
- ¿qué? - me preguntó.
- Oh, nada. ¿Vamos a tomar algo? - le sonreí
- Dale.

jueves, 29 de julio de 2010

Óxido de amor

Todo comenzó el día que conocí a Maiai, una anciana decrépita que lo único que me dijo fue:

- Tengo amor óxido, 300 yen, ¿querés?

También conocida como la droga del mal de amores, era la sustancia legal-ilegal que hacía furor entre los ancianos. Yo teníá 63 años y aún me consideraba jovial.

Frasco en mano escapé corriendo.

Cuando llegué a mi lugar, un gran descampado con olor a aserrín y meo de gatos, me entregué al asunto de lleno. Preparé la mezcla en un sintetizador amórfico y englutí el contenido sin meditarlo.

Cientos de millones de pececitos comenzaron a agitarse dentro mio, era como si todas las celulas de mi cuerpo vibraran, bailaran y saltaran del modo más increible. Mis suspiros olían a cientos de enamorados, abstenes, inmersos. Todo era color de rosas, el mundo era maravilloso, hermoso, me amaba y amaba.

Pero el efecto no duró mucho, cuando el sol bajó ya era yo ese vagabundo decrépito y asqueroso, que odiaba a la vida y al mundo entero.

Llegó la noche, y con ella los recuerdos; recordé cada momento de mi experiencia, añoré volver a sentirla, me sentí mal por sentirme como me sentía, quería otra probadita, un poquito más. No pude dormir, cuando amaneció, salí a buscarla, desaforadamente, estaba desesperado, no la encontré.

Pasé cinco días sin dormir, en su busqueda, y por ningún lado aparecía. Se escondía de mi, el destino la alejaba a cada paso.

Impotente, deshauciado, frágil y atontado, me la encontré. Pero esta vez, no me le acerqué.

lunes, 19 de julio de 2010

Corta que te corta

Tomé un cuchillo y me le avalancé, la sostuve bien firme, ella estaba helada, paralizada y muy flácida. Yo comencé: zgrzgrzgrzgrzgr, sonaba el cerruchar.

Agarré un poco de Nesquik, y lo mantuve cerca. Luego busqué un vaso y una cuchara. Sujeté el sachet y me serví.

viernes, 16 de julio de 2010

Sin sol

"Hace 70 días que no veo el sol", me dijo Martín. Inmediatamente le pregunté qué le había pasado y por qué había dejado de verlo. Su respuesta fue contundente: "Me engañó".

Juan Martín Delgado era un observador del sol.

Los autótrofos son personas que no necesitan ingerir alimentos, ni beber agua, se autosatisfacen mediante otras fuentes de alimentación, como la meditación lunar, el Sharisnak, o simplemente miran al sol. Los primeros grupos aparecieron cerca del 2000, quinientos años más tarde millones de personas vivían de la nada.
Juanma era uno de ellos, jamás había probado bocado alguno.

"Morirás", le dije. No estaba seguro de mis palabras, pero lo veía pálido, amarillo, enfermo y olía mal. Él lo sabía y sabía que yo lo sabia, no me respondió. Le pregunté por qué se sintió engañado por el sol, y me dijo:

"No lo necesito, hace 70 días que no lo miro y aún estoy vivo. No he tomado agua, ni he probado bocado alguno jamás en mi vida y no tengo hambre. Creo que es todo una farsa, realmente no existimos."

jueves, 15 de julio de 2010

El pato, el gato y los zapatos

El pato tenía un trato con aquel gato que pasaba a todo rato.

Iba y venía el desdichado, y el muy pato siempre recordando "Ya es tiempo que cumplas con tu trato, mi querido gato".

Michi-Miau astuto más que peludo, sabía lo que se le venía y le cantaba una canción, hasta que el pato muy confiansudo se olvidaba de la situación.

- Miau-miau - le gritó el ave.
- Mi querido pato - respondió el felino.
- He estado pensando en nuestro trato - comenzó el pato - tengo 9 hijos, y tienen frio y necesitamos los zapatos.

Don gato calló, meditó, y resopló:

- Mi queridisimo, te pagaré. Pero antes de hacerlo, necesito un poco de ayuda. Por favor, mañana por la mañana, enviame a tres de tus hijos.
- Está bien.

Pasaron dos días, y los patitos no regresaban. Al tercero, don gato apareció.

- ¿Dónde están mis hijos? ¿Por qué no han vuelto contigo?
- Oh, ellos están muy a gusto, en los zapatos. Eran tan pesados, y tan acojedores, que decidieron quedarse. Pero todos gritan y gritan, extrañan a sus hermanitos. Mañana por la mañana, enviame al resto de tus hijos, y entre todos intentaremos mudarnos hacía aquí. ¿Por qué no sales del agua, y nos acompañas?
- No puedo Sr. gato, mi señora me necesita, pronto dará más crías, pero enviaré a sus hermanitos.
- ¿Mañana por la mañana?
- Puntual.

Cuando los rayos más finos del sol tocaron el gran lago, 6 patitos corrieron cantando una canción.

El espejo de Camilo

El espejo de Camilo tenía frío y poco abrigo; estaba mal iluminado, y todos le ponían cara de desagrado. Ayy pobrecito, tan aburrido y solito.

Algunos le hacían muecas, otros reían, y otros le escapaban: ni una miradita le dejaban, al pobre del espejito, que tenía Don Camilo.

Al otro día apareció Mariana, con ojos de enamorada, que se convirtieron en miedo, y terminaron en lágrimas. El espejo se empañó, y el muy atrevido algo le escribió:

"Cambiame los foquitos, por favor"

sábado, 17 de abril de 2010

Mierda sticker de goma, mierda de perro, botella, pajarillo, ¡moneda! Una preciosa y brillante monedas de 50000 eurones apareció frente a mis ojos, y antes de que el encandilamiento bajara, un chabalito de 5 años pasó corriendo y se la llevó. La había estado buscando desde las 6 de la mañana, y ese niñato...

- ¿Adónde es que va, Mr. Lepisky? - El guardaparques Jhon Mitchells me miró con su mirada preferida, aquella reservada sólo para ocaciones especiales y emergencias.
- Sólo estoy juntando algo de basura Sr.
- ¡De 6 a 10! Recuerde Lepisky, ¡de seis a diez! - y se me quedó mirando fijamente, como si esperase que le respondiera.
Eran las 10 de la mañana y mis intenciones por dejar aquel paraiso eran nulas. Me escabulli en la copa de un arbol, y esperé. Esperé tanto que mis ojos comenzaron a parpadear y parpadear, y parpadear tan pero tan lento, que apenas recordaba si estaba despierto o dormido, hasta que anocheció.
No era mi primera vez, ya en otras ocaciones había jugado tal artimaña, generalmente cuando no estaba nublado. El lugar era perfecto para dormir junto, arriba o debajo de cualquier arbol; era perfecto. El guardia nocturno temía inmiscuirse por el parque, él era un creyente.

La gente hablaba, y hablaba mucho, se decía que desde hace 50 años el parque Gilberth era visitado por seres intraterrestres, y de los de todo tipo. Una señora, Jaanaha Wai había tomado un video con ellos; el asunto recorrió el mundo en un pestañeo, sin embargo la prensa desprestigió el asunto, tratandola como la mentirosa del siglo.

- Hola Mr. Lepisky - una voz surgió de entre unos matorrales, la sangre se me subió a la cabeza, bajó por las venas finitas y se centró en mis pies.
- ¿Quién es usted? ¿Puede salir a la luz por favor?
- Perdone mi apariencia Mr., sin embargo ya estoy en la luz, yo soy la luz. - Lepisky se miró las manos con disimulado interés, estaban rojas y temblaban. Había una gran luz a su alrededor, parecía provenir de un farol, pero no había farol.
- ¿Qué es lo que es usted?
- Soy J43. Si desea mantener su privacidad, simplemente pidemelo y me apagaré.
- ¡Apagate!

Y me quedé a oscuras. Las lunas estaban tapadas por una gran cantidad de nubes azules, y había... dos lunas, una roja y otra azul.

- ¡Preeeeeeeeeeeeendete! - ¡Grité! 6 segundos más tarde podía ver otra vez.
- ¿Teme a la oscuridad Mr.?
- Digame, ¡¿por qué hay dos lunas?! ¿qué es usted?
- Centauro y Alfa, bellas ¿no es así? - la luz parpadeo.
- Creí que sólo una luna existía, y se llamaba Luna.
- Pues verá, hay dos.
- Lo sé, pero no debería.
- Pero es.
- ¿Dónde estoy? - Miré a mi alrededor, no pude ver mucho, los arboles aún seguían en su lugar.
- Está en el parque Mr. ¿quiere que llame a un doctor?
- No es necesario. ¿Dónde está el guardia?

MACME

- ¡Fuera! ¡fuera! ¡fuera capitalismo!

Habían estado gritando lo mismo toda la mañana, sin intervalos siquiera para meditar. ¡Malditos talibanes!, todo el tiempo la misma rima, inmutable; como la más de las palabras sacras.

María no pegó un ojo, ¡maldito ruido!

La bebé lloraba desde las 5:33 am., hace 6 horas de eso ya. Marta, mi mujer, había salido. No mencionó un porque, tampoco pregunté, consideré poco apropiado inmiscuirme en su privacidad. Antes de ayer peleamos hasta el hartasgo, luego me desperté y no estaba. Dejó una nota sobre la mesa, decía "Antes de que te des cuent". La frase terminaba abruptamente, apenas podía leerse una "a" en el final, pero su rastro era el de un fantasma.

Me dispuse a salir a pasear, estaba asqueado de todo y necesitaba pensar acerca de todo, y por qué había sucedido tan rápido, ¡y si que fue rápido!, tanto que apenas aun no puedo entenderlo.
Dejé precisas instrucciones a los sirvientes para que controlasen de todas las necesidades de María, y me transporté.

Charleana esperaba desnuda.
- Qué rápido te transportás.
- Estaba cansado de estar allí, con la bebé y esos malditos manifestantes...
- ¡Calla! ¡Sabes bien que apoyo al partido! No tenías por qué mencionarlo...
- Perdón... - y la miré con los más grandes y explosivos ojos de gato remilgón. Ella cedió.
- Y bien, ¿por qué me llamaste? ¿qué es eso tan importante que tenés para decirme?
- El ratón escapó - murmuré por lo bajo. En ese momento sentí que temblaba.
- ¿Por qué no lo atrapás?
- Creo que merece vivir...
- Ningún ratón merece vivir - me interrumpió. Escupía las palabras.
- Lo sé. Charleana sabrás que no sería tan estúpido para acudir a ti con palabras acerca de un simple ratón. Es sólo que... no puedo decirlo.
- Dilo.

Y el mundo se me vino abajo, no podía decirle que un ratón del experimento 443 había tirado abajo con cientos de miles y quizá millones de teorías humanas, porque ese ratón, ese pequeño y peludo animalito, había tenido una hija, mi hija.

miércoles, 27 de enero de 2010

Una tarde sin él



Este fue nuestro primero intento de corto con fer, hacía mucho no lo veía, que disfruten!