viernes, 22 de mayo de 2009

Hola Marco

Hace 4 años, cuando me regalaron mi primer robot lloré de emoción, yo tenía 15. Marga, la llamé; era ágil como ninguna, mi robo-niña podía correr a 800km/h durante más de 6 años.

3 meses más tarde me encontré en la calle una Terminal*.

* Terminal: dícese de un aparato capaz de modificar el comportamiento lógico-técnico de otros aparatos.

Ese día llegué a mi casa más rápido que nunca, moría de ganas por ponerme a jugar con ese aparatillo nuevo. Corría el año 6842, era martes y llovía. Mi mochila estaba empapada, la abrí, ahí estaba, una hermosa Terminal X68D, último modelo, reluciente. Probablemente había caído de los bolsillos de algún programador, tan apurados que andan.

La encendí y me recosté en mi burbuja.

- Hola Marco.

- ¡Hola X68D! Por favor, quiero que me des tu información.

- Mi nombre es Kamila, soy una Terminal X68D fabricada en Xoon en el corriente año, mi configuración ha sido reseteada hace 2 días. ¿Deseas configurar mi seguridad?

- No en este momento, ¿puedes decirme quién era tu antiguo dueño?

- No tengo esa información.

- Gracias.

De pronto aparecí en un cuarto lleno de gente; todos corrían de aquí para allá, algunos buscando y llevando información, otros preguntando y analizando, pensando y trabajando. Era la gran sala de los programadores. Me desconecté. Me dio vergüenza, miedo. ¿De dónde había salido la terminal? ¿Por qué había sido reseteada?

Apagué mi burbuja y me acosté, la lluvia había cesado.

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- Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30.

- Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30

- ¡YA TE OIIIIIIIIII!

El robot cayó, odiaba cuando marga me despertaba. Y realmente, lo lograba; tan molesta se tornaba que mañana tras mañana me hacía dar un colérico brinco al suelo. Siempre era igual .

Mientras me preparaba para salir al universo, pensaba en ello, ¿por qué Marga no me despierta con un dulce beso de buenos días? ¿por qué había yo de soportar tal injuria matutina? Cierto era que uno podía ordenar lo que sea a un robot, pero robots eran los de antes, y estos últimos tenían algunas limitaciones de cara al uso cotidiano.

En el entrenamiento espacial, se me ocurrió que debía modificarla, ¡si! a mi robot. Debía hacer de ella la mejor de las robot, ¡todos me la envidiarían!

- ¡Buenos días Marco!

- Hola terminal.

- ¿Deseas definir los parámetros de seguridad?

- Si.

- Marco, recuerda responderme con afirmativo o negativo, esto es sólo para tener un mayor control de la información.

- Está bien.

- ¿Deseas definir los parámetros de seguridad?

- AFIRMATIVO.

- Marco, ¿Deseas compartir mi uso con otro ser?

- NEGATIVO.

- Listo Marco, la seguridad ha sido definida; ¿deseas hacer algo más?

- Quiero programar a mi robot.

- Lo siento, pero no hay información al respecto, ¿deseas realizar otra consulta o especificar una acción?

- Negativo.


Y como la última vez, de pronto estaba yo dentro de la sala de programadores nuevamente. Comencé a caminar, era un lugar muy amplio. Mientras más me adentraba por sus inmensos pasillos, más grande todo me parecía. Tenía aspecto de palacio, pero el techo en vez de las estrellas de siempre, mostraba unos y ceros. Embobado contemplaba aquel enjambre, extasiado por la velocidad, anonadado por la cantidad de información que allí se encontraba.

Alguien se posó a mi lado:

- Hola señor.

- Hola chabalete, ¿está todo bien?

- Si de maravillas.

- Perdona, ando muy ocupado.

- Sólo una pregunta, ¿dónde consigo información para modificar mi robot?

- ¿Tenés una Terminal?

- Si, ella me trajo.

- Es muy fácil, primero debés conectar tu terminal al robot y luego preguntar por las opciones; si tenés alguna duda, no dudes en mirar en las paredes - y atravesando con su mano derecha la pared sacó un manojo de datos - tomá, con esto podés empezar.

- ¿Cómo lo hacés?

- Sólo metés la mano, y buscás. ¡Adiós, me voy!

- Ad... - Y desapareció.

Me senté en el suelo, estaba tibio. Tenía un manojo de papeles bastante grande, 837 páginas. No tenía tiempo, según el reloj eran las 9 de la noche, pronto mi madre me desconectaría de la burbuja; ¡maldita cena familiar!

Dos años atrás, cuando me regalaron mi primer burbuja - esta era mi sexta - me la pasaba adentro corriendo por hermosas llanuras soleadas, buceando bajo el océano sideral; y lo mejor: explorando la galaxia.

Pero mi madre, que no esta acostumbrada a 'esos asuntos de la modernidad' jamás lo entendió. Ella es de otra época, no puede comprender lo divertido que es pasarse el día en 'la ola', simplemente, flotando. Yo siempre le dije: 'tenés mucho problema con la virtualidad, pero te la pasas arriba de tu robot sin hacer más'.

La burbuja la trajeron los Nononitos, del planeta Pono; una raza por demás inteligente. Cuando la probé por primera vez, aluciné: era una nueva concepción de realidad alternativa.

Al encenderce, el cuerpo comienza a flotar, situándolo entre el techo y el suelo, justo en el medio. Al segundo los ojos se cierran y se entra.

El sueño comienza, uno ya se encuentra conectado... así como otros miles de miles de billones de seres en el universo. Al ingresar, todo conocimiento personal se añade de forma automática a la gran base, dando la posibilidad de poder conocer y estudiar a todo ser en el universo, así cómo de tener acceso a casi toda la información galáctica existente; y digo casi, porque también existe el KKjhgg, pero los humanos no lo podemos usar, no siendo humanos.

- ¡¡QUÉ APAGUES!!

- ¡Mamá casi pierdo la información, estaba llendo!

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Y me leí el manual, 837 páginas y 6 renglones. Eran los conceptos básicos, desde cómo conectar la terminal a mi robot, hasta cómo hacer modificaciones sencillas en el comportamiento principal. No veía la hora de ponerme a jugar con mis nuevos conocimientos, pero mi semana había estado tan agitada con los entrenamientos, que apenas casi me hacía tiempo para prender la burbuja: y me encantaba caminar por otros mundos.

Mañana comenzaba mi feria de aprendizaje, tenía 15 días de ocio y entretenimiento y...

- Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30.

- Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30, despierta, son las 8:30.

- ¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHH!

- Buenos días Terminal.

- Hola Marco.

- Crear conexión con Nd88, aka Marga. - Primero debía conectarme...

- Conectado.

- Kamila, ¿podés decirme que sabés acerca de Marga?

- Nombre de pila, Marga; tipo, Robot hija del modelo AJHGA6, encendida hace 14 años, estado general óptimo, sin averías.

- Por favor, necesito acceso a la configuración.

- No tenés permisos.

- ¿Por qué?

- Permisos insuficientes.

- Gracias.


Lo había olvidado, estaba bien claro escrito, probablemente subrayado.


- Hola Marga.

- Hola Marco.

- Necesito conectarme desde la Terminal, a ti. ¿Podés darme permisos?

- Ahora tenés permisos.

- Gracias, ahora te desconectaré nuevamente, perdón.

- No te preocupes, apagado general en 5 segundos, 4, 3...


Volví a la terminal.

- Kamila, necesito conexión con Marga.

- Tenés conexión.

- Por favor, necesito entrar a la configuración.

- ¿Deseas configurar algo en especial?

- Conductas.

- ¿Algún tipo de conducta?

- Despertar.

- No existe esa conducta, ¿qué tipo de conducta buscas?

- Despertador, ¡despertar!, ¡¡acción!!

- Configuración encontrada, despertador. ¿Qué deseas modificar?

- Métodos.

- El método predeterminado es acercarse y comenzar a gritar: Marco, despierta, son las 8:30. Se sube el ritmo de voz, hasta volverse intenso.

- Gracias, deseo modificarlo, las nuevas instrucciones son: Buscar ropas y abrigos perfectos para el día y ocación, acercarse y vestir al propietario. Luego levantarlo, y conectarlo a la burbuja. - Me sonreí al terminar estas últimas palabras, era perfecto.

- Modificación exitosa.

- Cierro, chau.


Esa noche me costó dormirme, pero a las 8 de la mañana perdí el sueño. Quería saber si había funcionado, ¿habría cometido algún error? Debía esperar. Media hora más. Cerré los ojos.


- Maaaarco.

- ¿Qué pasa?

- Perdoname si es que estabas ocupado, pero hace tres días que no almorzás conmigo.

- ¿Eghh? - Casi me caigo al suelo. ¡Tres días!

- Bajá, te espero en la mesa.


Habían pasado tres días, tres días desde lo último que recuerdo. ¿Por qué no desperté al entrar a la burbuja? ¿Qué pasó en todo ese tiempo? Tenía mucho hambre, mi estomago crujía.

Me senté a la mesa y almorcé rápido.


Rinnnggggggggg. Rinnnggggggggg. Rinnnggggggggg.


- Tu novia Marco.

- ¡Luna, amor!

- Hola Marco, me di una vuelta.

- Pasá.

- Me tenías olvidada. ¿ya no te acordás de mi?

- Vení, tengo algo que mostrarte.


- ¿De dónde la sacaste?

- La encontré en la calle.

- Seguro era de alguien.

- No, estaba desconfigurada. Anoche modifiqué a mi Marga.

- ¿Qué hiciste qué?

- La modifiqué, ahora ya no me despierta como antes, ¿recordás?

- Si.

- Cambié sus opciones con la Terminal para que me vista, y luego me lleve a la Burbuja.

- ¿Así dormido?

- Si.

- Te felicito.

- No, pero, algo pasó, eran las 8 de la mañana, hace dos días...

- Marco amor, perdoname pero estaba con las chicas y...

- Te vas.

- Me voy.

- Te odio.


Y la tuve que alcanzar corriendo:

- Si. Yo también te amo.


Entré en mi cuarto y me senté. De pronto todo comenzó a girar, y no sé si la presión pero...


- Deberías ver el mundo de vez en cuando. - Dijo mi madre mientras me desconectaba de la Burbuja.

- Gracias Mamá.

- Veo que madurás.


No le respondí, fui corriendo a buscar la Terminal, debía revertir los cambios en el Robot. Quedarme dormido en la Burbuja no parecía ser algo sano.

Habían pasado otros dos días nuevamente, me habría desmayado y luego el robot me ingresó nuevamente a la virtualidad. No le conté nada a mi madre, no lo entendería.


Entré a la Terminal, y devolví a Marga su antiguo despertador.


Mi corazón latía bien fuerte; todo se volvió eternamente molesto y pesado, hacía calor, todo se fue para abajo.

- Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30, Marco, despierta, son las 8:30.

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Me conecté a la sala, ese día estaba lleno de gente. Parecía explotar de tal cantidad. Comencé a recorrer, me gustaba observarlos moverse, en filas, por los aires, volando y corriendo, saltando y gritando. Era un hormiguero, y yo era parte de él.

Alguien se posó a mi lado.

- Nunca te he visto por aquí, soy Kok, y tenés algo que me pertenece. -Lucía una capa amarilla, botas doradas y guantes rosas; su cara era invisible, su voz aniñada.

- Hola Kok.

domingo, 2 de septiembre de 2007

La maqueta sombría

Luego de una vaga inspiración soleada, bajo un cuadro de luz solar, intentamos reflejar dos siluetas interactuando: por un lado, la atracción; por el otro, el atraido. Disfrutenlo : )

viernes, 24 de agosto de 2007

Una frase

Anoche miraba una pelicula de Scola, precisamente: Una giornata particolare. Particularmente, el film no me pareció una gran maravilla de los mil mundos, un poco denso, por cierto; pero observable. No comenzaré a hablar de cine, me remitiré a los hechos:

En cierta escena de la pelicula, el protagonista pronuncia esta frase:

"Se puede llorar sólo, pero para reir: se necesitan dos"

Comencé a analizarla, a buscarle la vuelta, pero en extremo ¡era cierta! Uno puede reir sólo, puede llorar a carcajadas. Es cierto, es probable. Pero, en la practica, ¿nos reimos en soledad?

Y ¿en qué deriva esto? en millares de cosas, desde el amor, a la muerte. La principal base de cualquier relación amorosa, ¿no es, acaso, la risa?

Domina los sentidos, y dominarás al mundo.

Perdón por la tardanza

He aquí el simplón motivo de mi desaparición: Me harté del jodido blog. No por como es en si mismo, ni por nada referente a él, sino más bien por el tema a tratar. Quizá sea por eso, o quizá, ¡quién sabe! La gente está tan loca que, ¿Les sorprendería que haya dejado de escribir así sin más?
Bueno, si, volví; pero quiero aclarar, ante todo, que no he vuelto para continuar con el tema anterior. ¡Oh, no no! Si desean saber el final de aquella historia, se las puedo resumir, si si:
El chicuelo se suicida al enterarse que el otro protagonista se había acostado con su novia.
¿Desilusión? Oh, espero que no; detesto ver a la gente desilucionada, ponen una cara... mmm, ¿cómo resumirla literalmente? Ains, ¡si! Ponen cara de perro baldeado con agua helada un caluroso día de verano.

En fin, volveré a retomarlo; desde ahora en más, tratará sobre cualquier pensamiento que surja en mi inconsciente y se reproduzca en mis dedos.

martes, 27 de marzo de 2007

Segunda parte

Con devoción y paciencia me había instruido acerca de que hacer ante tal menester catastrófico, sus palabras parecían sencillas; pero, ante cada punto, lo detenía exclamando que nada era tan simple. Él se limitaba a sonreír amablemente, observandome con aquella mirada reservada para casos excepcionales.
Tenía un mapa y tenía un plan, y también tenía un maldito papel con instrucciones, sólo me faltaba autoestima:
"Mi muy querido, ¿para qué necesitas eso? El autoestima no es más que un juego mental. Es muy simple, cree y concientizate que sos la persona más bella del mundo, que a todos les interesa tus palabras y todas esas cosas... y voilá, tu autoestima será tan grande como el tumor cerebral de aquella rata de laboratorio." exclamó, mientras señalaba con su dedo indice a un mamífero muy grande que corría hacia las alcantarillas del laboratorio Roche.
Era demasiado cierto, esa era la clave, pero ¿cómo transformar mi propio ser? ¿valía la pena intentar cambiar por alguien a quien nunca había visto reír?
"Nadie vale la pena, hasta que vale la pena; pero entonces, ya es demasiado tarde", sus palabras aturdían mi conciencia, algo agitada y confundida. Me acurruqué en mi sillón, y observando la luna llena, me dormí.

El día pactado había llegado, era el momento de la acción. Sabía dónde estaría ella, él me lo había dicho, sabía a que hora llegaría y qué haría. "Todo ha de resultar como una película", Marco había insistido una y otra vez en ese punto, en el que apoyaba todo su plan, tan meticulosamente elaborado y meditado. Yo tenía fé en él, nunca me había descepcionado.
Ella salió del cine de la mano de un muchacho algo apuesto. Ambos estaban serios. Yo esperaba sentado, en el suelo, junto a una pared, escondido y esperando mi momento para entrar en acción. Las instrucciones decían: "Esperar en la pared, sentado, y acercarse cuando ella comience a llorar".
El tiempo se sucedía, personaje extraño y muchacha amada se encontraban sentados en una mesa, frente a las salas de cine, charlando muy a gusto.
Suena un celular, el chico extraño atiende, corta, le dice algo a ella y sale corriendo de la escena. Ella comienza a llorar. Me acerco, colorado y pálido a la vez, cualquiera podría asegurar que mantenía mi color natural. Susurro las palabras previstas en su oído, tan bello y tibio; ella ríe y me observa. Se enjuaga las lágrimas y se cierra el telón.

lunes, 26 de marzo de 2007

Amor

Sentirse olvidado por el mundo es trágico, pero más trágico aún es olvidar la sensación que trae el mundo. Así me sentía yo, como quién cree entender todo, y a su vez nada.
Mi vergüenza contenida había estallado en risas aquella noche, en aquél lugar, aquél día. Esa chica, de peculiares ropas, de ausencia de sonrisas, habiase convertido en la atracción principal para mis pensares diarios. Poco entendía yo de como reaccionar, por lo que no reaccioné.

Cuando Marco terminó de escuchar la historia, musitó: "Algo habrá que hacer..." para luego preguntar: "¿nunca la viste reír?".

jueves, 15 de marzo de 2007

Zqwert

Tras intentar entender por qué lo había hecho, me dijo:

"Todo en el mundo tiene una explicación, en general todos tienden a intentar entenderlo del modo más complejo, cuando muchas veces la respuesta se haya en lo más simple y jamás pensado. Si escondo este pedazo de papel en la casa, ¿dónde lo buscarías? ¿cuánto tiempo podrías tardar para darte cuenta que lo pegué en la heladera? ¿1 día, 2...?, ¿nunca?; ¿por qué todos tienden a buscar las respuestas en los recovecos más complejos y misteriosos?"

Había logrado hacerme llorar, sentía que todo había sido mi culpa, que... pero no. Lo sucedido no era ni más ni menos que otra ilusión. Marco sabía que ello sucedería, lo intuía, lo veía, lo presentía, y lo único que hizo fue, ni más ni menos, preguntarle una dirección.

¿Cómo lo sabía? Nunca quise saberlo.

lunes, 5 de marzo de 2007

Un día más

Intentar entender la vida no es prioridad, si lo es, en cambio, disfrutarla. Solía repetirme eso una y otra vez, pero, ¿cómo abstenerme de hacer preguntas?
Recuerdo muy bien el día que intentó demostrarme el hecho de que hasta el más forajido poseía un corazón conmovible. Se había acercado a un policía; bajo, regordete, de mirada hosca y sombría, tenía los pelos negros como el cielo en un solitario desierto azul. Era de esos tipos con los cuales uno no desearía tener problema alguno.
Le había advertido que no lo haga, que le creía, pero sin embargo caminó muy decidido, mientras yo lo miraba, de lejos. Se situó a un paso del mismísimo oficial, le dijo unas palabras, apoyó su mano sobre su hombro, y volvió hacia mi, con una sonrisa que bien podría atribuirsele a un chicuelo de 6 años tras cometer alguna travesura.
Le dije que su truco no había surtido efecto alguno, tras lo cual insistió que continuase mirando. A continuación mis ojos vieron cómo ese señor, de unos 40 años de edad, se largó a llanto tendido sin razón alguna ni por qué. Al cabo de unos 5 minutos, desenfundó su revolver y se disparó.

jueves, 1 de marzo de 2007

Ilusiones

"¿Has leído el libro que te regalé?", me preguntó luego de un incómodo silencio. Le dije que si, que me había gustado pero que no era más que un cuento de ficción.
Comenzó a reírse, encendió un cigarrillo y sacó de su morral aquél libro: Ilusiones de Richard Bach. Su ejemplar era mucho más feo que el mio, parecía haber pasado por cientos de manos antes de llegar a él y, sin embargo, mantenía esa pulcritud que sólo poseían los libros recién comprados. Leyó en voz alta la contratapa:

¿Qué haríais -preguntó el maestro a la concurrencia- si Dios os hablara directamente a la cara y os dijera: "Os Ordeno Que Seáis Felices En El Mundo Mientras Viváis?"

Su voz había sonado más imponente que de costumbre. "¿Acaso no comprendés el mensaje?", me preguntó jocosamente, a la vez que acomodaba su negro pelo azabache. Negué con firmeza y sonrió. Tras suspirar con vigor, anunció que debía irse.

Aún recuerdo cómo, al día siguiente, me desperté de un sobresalto: había soñado con Marco, él me miraba desde los cielos, volando como un ave más, y entre risas, me gritaba "¿Aún piensas que es un cuento de ficción?".

miércoles, 28 de febrero de 2007

Una tarde con él

"¿Qué me dirías si te dijera que todo lo que te molesta en el mundo puede ser cambiado en un abrir y cerrar de ojos?

El día de los libros me comentaste que tu mayor deseo era cambiar, y creo entender cuál es tu problema: estás acomplejado con los complejos de la gente. ¿Para qué cambiar y ser como el resto?, ¿acaso crees que la base de tus problemas se encuentra en aquellos kilos de más, resultado de una dieta alta en Coca-Cola, Mc Donnalds y Papas Fritas?
Mirá a ese señor, si el de allá. ¿Crees que es feliz? No lo es, en lo absoluto. Si, es delgado, su esposa, o la mujer que camina junto a él es muy bella, perfectamente podría ser una modelo de revistas. Su auto, un Mercedez de última generación. ¿Eso es lo que querés, mi querido? ¿Deseás ser como él, o deseás lo que la mayoría desea ser?
"

La vencida

Nadie sabía acerca de la existencia del extraño personaje que había aparecido en mi vida durante aquel cumpleaño de abril, y era mejor así, no todos podrían entenderlo. Con el pasar del tiempo había meditado mucho acerca de él, y con poco éxito intenté buscarlo.
Pasados 4 meses desde aquella vez, presentía que no volvería a verlo jamás, sin embargo estaba equivocado.

Cierta noche, al volver del supermercado, lo vi. En principio me costó reconocerlo, tenía el pelo más corto, se había pintado una linea azul que cubría sus ojos y algo de su nariz; había crecido.
Él estaba sentado en la vereda, fumando un cigarrillo en soledad.

"¡Buen hombre!", me gritó.
No le respondí; pasé junto a él sin siquiera mirarlo, con toda la indiferencia que era capaz de mostrar, me sentía cruelmente ofendido.

"He venido para cumplir la promesa que os he hecho, mi muy querido amigo", murmuró artificialmente. Me detuve en seco. Me volví y le dije que lo escucharía.

"Estuve muy ocupado con algunos asuntos importantes, pero nunca olvido a quien me ha hecho un favor, ¡oh no!
Me presento, mi nombre es Marco Antonio; podrás llamarme Marc, como prefieras. ¿Alguna pregunta?"

Me senté junto a él, para meditar lo oído; tras una breve pausa le dije mi nombre, Lautaro, y tras aceptar gustosamente su ayuda me dijo:

"Te veré acá, mañana a las 5, ¡dulces sueños!"

martes, 27 de febrero de 2007

Catorce años

No todos los días uno cumple catorce años, y no todos los cumpleaños se termina perdido en un shopping; así fue cómo me lo encontré por segunda vez:

Al salir de ver aquella gran película de Disney que ya no recuerdo, me topé con que mis padres no me esperaban a la salida y comencé a entrar en pánico; me tranquilicé al sentarme y razonar, su función terminaría dentro de media hora, ya que mi película había sido más corta, por lo cual tenía tiempo para inspeccionar el lugar.
Libros, debía ir a ver los libros, buscar alguno interesante para comprar con mis ahorros de toda la vida; me encantaban los libros de suspenso y acción, los libros de drama y aventura, y los...
Entré al lugar, habían 20 mesas con libros de todo tipo más una gran cantidad de estanterías; curiosamente no mucha gente compraba ese día.
Concentrado en la contra tapa de una novela de Shakespeare, un chico de unos 18 años se me acercó y me dijo: "Buenas noches, Coronel. ¿Aún juega con soldados de juguete?". Quedé pasmado, una gran oleada de recuerdos atravesó mi cerebro de un parpadear a otro y recordé a aquel pirata de antaño.
Timidamente alcé la vista, me costó concebir que alguien me recordara después de tantos años y con solo haberme visto una vez.
"Necesito vuestra ayuda, Coronel" me susurró al oído tras mostrarme un bello libro que había guardado en su mochila; "¿Puede hablar con aquella señora de seguridad que en estos momentos nos está mirando mientras yo termino con unos asuntillos?". Rotundamente le dije que no, en lo absoluto lo ayudaría a cometer fechoría alguna. Me miró fijamente y agregó: "¿Qué es lo qué más desea en el mundo, señorito?". Titubeé, lo observé de arriba hacia abajo y luego hice un gesto para que me mirara.

Yo era una persona algo robusta y tenía graves problemas en el colegio gracias a ello, todos me decían gordo.

Me sonrió y prometió cambiar mi vida a cambio de un favor, hablar con la mujer policía. Acepté sin pensarlo, no a causa de su utópica propuesta, sinó por mi gran deseo de alejarme de aquella persona tan curiosa.

La señora de seguridad no entendió palabra alguna de lo que intentaba decir; era yo una persona tímida en extremo y mi voz vacilaba traicioneramente. Pese a todo, vi como aquel muchacho se marchaba del establecimiento y procedí a hacer lo mismo.
Ya fuera me mostró los tres libros que había comprado y me regaló uno, exigiendome que lo lea ya que lo había elegido especialmente para mi. Le dije que había cumplido mi parte, que ahora le tocaba a él. Sonrió y se marchó.

El comienzo

Poco importa cómo me llame, poco importa cuánto pese o mida, cuánto camine o cuánta agua tome por día; lo que realmente importa, es que no se cómo jodidamente comenzar esto, así que será algo así:

Aún recuerdo cómo lo conocí, yo tenía diez años y él quince; caminaba por la vereda vestido de pirata junto a su hermana, ambos con parche y pañuelo y un cofre a sus espaldas. Discutían acerca de la mejor ubicación para dejar el tesoro, y cómo enterrarlo si no traían pala alguna. No les di mucha importancia, absorto como estaba con mis muñequitos de soldados, imaginando una gran guerra en la cual yo era el principal.
Al pasar junto a mi me sonrió, observandome con aquellos dos ojos penetrantes de pirata empedernido. "Buen hombre", recuerdo que me dijo, "¿tiene usted idea acerca de cuál sería el mejor lugar para guardar un tesoro?"; timidamente, negué con mi cabeza y le pregunté: "¿Qué van a hacer?"; "Salvaremos al mundo, mi querido, salvaremos al mundo ¿quieres ser un heroe?", otra vez le dije que no, ya que tenía mucha tarea por hacer.

Así lo conocí, y no lo volví a ver hasta el día de mi catorceavo cumpleaños, pero eso ya es otra historia.